El fútbol ecuatoriano atraviesa la peor crisis de su historia. Por un lado está la deprimente situación económica que afecta a la mayoría de los clubes y por otro, el autoritarismo que se ha implantado en la FEF y que ha llevado a enfrentamientos que debilitan las viejas y caducas estructuras del organismo rector.
Es cierto y se debe aceptar que en el tema económico la responsabilidad es de la dirigencia a nivel de clubes. Ya que son ellos, quienes establecen presupuestos y buscan financiarlos. Desgraciadamente, para muchos equipos, ya que no podemos hablar de instituciones, porque no se puede concebir que se maneje un equipo sin tener un básico sistema contable que pueda transparentar ingresos y egresos. Es inadmisible que quienes proclaman el amor a su divisa, hayan podido hipotecar el futuro con contrataciones y salarios que están totalmente fuera de la realidad económica del país. Se ha despilfarrado recursos en contrataciones de técnicos y jugadores extranjeros que no significaron aporte alguno y que terminaron demandando y estableciendo juicios que inflaron los pasivos y debilitando las arcas de los clubes.
Sí, la máxima responsabilidad, y la historia juzgará, es de los dirigentes de los clubes. Pero que hizo la FEF para frenar, controlar, normar, y regular que sus afiliados no se fueran al barranco y a la quiebra. Su actitud pasiva refleja el poco o ningún interés sobre el campeonato y más bien miró con indiferencia como cada vez los hijos eran más pobres y el papá más rico.
El otro aspecto que ha conducido a esta crisis, está en el manejo de la FEF con un creciente e incontenible criterio que el fútbol ecuatoriano pertenece a un exclusivo grupo de dirigentes y que pueden manejarlo como a ellos se les antoje.
No podemos dejar de reconocer que esta administración ha tenido logros importantes: clasificar a la selección a tres mundiales y éxitos a nivel de las categorías juveniles. Sería injusto dejar de reconocer la importante gestión para incrementar la infraestructura deportiva con la que hoy cuenta el fútbol nacional. Pero también, no podemos dejar de mencionar la vergonzosa denuncia e investigación en la que se vio involucrada por tráfico ilegal de personas a los EEUU (Coyoterismo); los gastos cada vez más grandes, con el pago de viáticos incluidos en invitaciones a los campeonatos mundiales; el enorme e interminable enfrentamiento que ocasionó el manejo de los derechos de transmisión por TV.; y aperturas de expedientes, sanciones a quienes levantaron la voz con opiniones diferentes, han llevado a este clima que vive actualmente, en el cuál no hay ganadores ni vencidos. Por el contrario pierde y por goleada el fútbol ecuatoriano. Ese fútbol al que un día llegaron ustedes señores dirigentes con el afán de servir y trabajar por el engrandecimiento y progreso del mismo.
Es hora de terminar con estos enfrentamientos. El aficionado está cansado de discusiones. Es hora de volver a los orígenes, a lo mejor con un fútbol más modesto, pero que fue creciendo y construyéndose con el esfuerzo de todos. Es hora de deponer actitudes personales y pensar en que los hombres somos pasajeros y que son las instituciones las que prevalecen. Es el fútbol ecuatoriano el que debe seguir fortaleciéndose y creciendo. Al fin y al cabo la historia se encargará de juzgar.








