El querido «Bolillo» Gómez patentó una frase “resultados saca técnicos”. El DT en ese entonces de la Selección Nacional había sufrido una goleada escalofriante ante Uruguay en la Copa América del 2004, y luego de esa noche negra resolvió dar un paso al costado. Desde ese entonces cada vez que hay un resultado abultado, una goleada, la pregunta es ineludible: ¿es ese un resultado saca técnicos?
Rubén Darío Insua, como DT de El Nacional, sufrió dos humillantes derrotas en las últimas fechas, 5-1 ante Liga en el Atahualpa y 5-0 ante River, en Los Samanes. Esto más sus declaraciones en las que expresó su pesar por el abandono de los directivos, los problemas económicos y dos meses impagos llevaron a los directivos a rescindir el contrato con el estratega argentino. Pero la pregunta del millón, la que se formula la mayoría de la hinchada, ¿es solo culpa del entrenador?
En realidad la historia empieza cuando asume la presidencia del club el Dr. Jorge Yunda. El novel directivo buscó refugiarse en la contratación de un técnico ganador y un hombre con mano fuerte, Carlos Sevilla, al que, al igual que a la hinchada, le ofrece «armar» un equipo que vuelva a ser protagonista en el torneo nacional y que vuelva a competencias internacionales.
Sevilla termina retirándose del club por la falta de apoyo en la contratación de jugadores de jerarquía que puedan potenciar al equipo. Sus peticiones y reclamos llevaron a su destitución. A Sevilla lo reemplazó Octavio Zambrano, quien se acomodó “con lo que había» y terminó de manera decente el torneo, con un equipo que no se complicó con el descenso, pero que tampoco pudo llegar a un torneo internacional. Zambrano fue ratificado para el 2015- Se contrataron «refuerzos», en algunos casos, sin el visto bueno del entrenador. Los jugadores que Zambrano solicitó no fueron contratados.
La historia es conocida antes de que finalice la primera etapa: el DT fue destituido, «porque no llenaba las expectativas». Interinamente, asumió Orlando Narváez, según versión del propio entrenador, se le ofreció si conseguía un buen resultado, oficializarlo en el cargo. Nacional derrotó 2-0 a Barcelona en Guayaquil, pero Narváez sigue en las formativas. El ofrecimiento se esfumó y llegó Rubén Darío Insua.
Para la segunda etapa y cuando se abrió el libro de pases, se incorporó a Edisón Preciado, buen elemento, pero el plantel requería mayor potencia. Una vez más los ofrecimientos se diluyeron y faltó decisión para apostar a cosas grandes.
A pocas fechas de terminar el campeonato se entrega la conducción del equipo al DT de la categoría sub-18 Quenry Valencia. Ojalá que tenga la mejor de las suertes, pero a este desconocido entrenador le entregan un hierro «candente». No quiero hacer futurología, pero por todo lo comentado, los problemas económicos y la débil estructura del plantel hacen que el panorama se ponga gris y obscuro, colores que no son precisamente los del glorioso Nacional.
Faltó experiencia, liderazgo y asesoramiento, ya que cuando no se conoce o se es un principiante hay que buscar el consejo y saber escuchar de quienes han recorrido en el tiempo y han realizado la «conscripción» en la dirigencia deportiva. Faltó madurez y conocimiento. En fin nunca se termina de aprender.
Es por todo esto, que la pregunta con la que iniciamos este comentario cobra más fuerza, ¿es solo cuestión del técnico? O la responsabilidad hay que repartirla entre directivos, técnicos y jugadores. Que nadie eluda la parte que le corresponda.








