San Petersburgo, la segunda ciudad más poblada de Rusia, fue la sede en la que la FIFA dio el puntapié inicial a la Copa del Mundo a celebrarse en Rusia en el 2018. El lujoso Palacio Constantino albergó a la dirigencia mundial, quizá en el momento más delicado de su historia, por las denuncias de corrupción, sobornos y compras de conciencias que, pese al majestuoso evento montado, no pudo maquillar el ambiente de nerviosismo y preocupación de los “padres del fútbol” durante la ceremonia.
Fue una primera presentación de lo que 3 años más tarde ofrecerá Rusia, una pequeña muestra de su cultura, costumbres, historia y tradiciones. El primer mandatario, Wladímir Putin, acompañó el sorteo y aseguró que harán el mayor esfuerzo para ser grandes anfitriones.
A esta hora, todas las selecciones saben y conocen a sus rivales. Se ha dado el primer paso, se ha cumplido con el sorteo y en pocos meses se inicia quizá la parte más emocionante y complicada, las eliminatorias.
Sudamérica es potencia mundial, a pesar de ser la Asociación más pequeña por el número de países, es en cambio la más competitiva y exitosa. Diez selecciones lucharan por 4 cupos directos y el quinto seleccionado disputará una repesca con un representativo de Oceanía.
En lo que respecta a Ecuador, ya conocemos el orden de nuestros partidos. En el arranque visitará al subcampeón del mundo Argentina en Buenos Aires y luego recibirá a Bolivia en el Atahualpa. Uruguay también visitará la capital ecuatoriana y el año eliminatorio se cerrará en territorio llanero ante Venezuela.
Esta curiosidad de conocer el calendario ya pasó. Ahora viene la hora de la verdad, porque al final de cuentas, tarde o temprano hay que enfrentar a los más poderosos y si se quiere clasificar al Mundial hay que mostrar calidad ante todo, jerarquía y capacidad. Así de fácil.
Por eso creo que antes de estar discutiendo y polemizando sobre las bondades o no del calendario, hay que empezar a trabajar en muchos aspectos para llegar de la mejor manera a estas siempre difíciles y largas eliminatorias.
Después de Brasil 2014, parece que el vestuario ecuatoriano quedó dividido: hubo enfrentamientos entre algunos de los referentes y problemas por el reparto económico, que la FEF de manera incomprensible dejó en manos de los jugadores, lo que provocó cruces y declaraciones en la que cruzaron munición gruesa algunos de nuestros cracks.
La última Copa América reflejó que esos inconveniente del último Mundial no habían cicatrizado. Algunos eludieron la convocatoria, otros se bajaron de la misma por lesiones y luego de la vergonzosa derrota ante Bolivia, otra vez las voces altisonantes y los reclamos entre varios tricolores.
Estos antecedentes me hacen pensar, que antes de empezar a hablar, si podemos arrancar algún punto en Buenos Aires o como vamos a enfrentar a Bolivia, hay que limar todas estas asperezas. El director técnico Gustavo Quinteros, debe ser claro y terminante. Establecer quienes aún mantienen el compromiso y amor para defender la camiseta nacional con entereza y dignidad.
Establecer los jugadores que aún tienen hambre de gloria, que no se dejaron absorber por ese profesionalismo que se mide en cientos de miles de dólares. Esto es fundamental, saber con quienes contar y que están dispuestos a escribir una nueva historia, una historia de gloria. La dirigencia debe planificar el trabajo propiciando el mejor ambiente para el cuerpo técnico, ajeno a cualquier injerencia que no guarde relación exclusivamente con el interés del fútbol y el país.
Establecer reglamentos disciplinarios y políticas económicas que estén en concordancia con la realidad del país. Que prime el amor al Ecuador. Hay muchos temas que no se pueden soslayar y que se deben atender desde ya. Lo otro, lo que suceda en los terrenos de juego, se planificará uno a la vez. Será cuestión de personalidad, capacidad, experiencia y jerarquía de los jugadores, que lo digo sin temor y sin pecar de optimista, podemos luchar mano a mano con el más pintado. No somos favoritos pero tampoco seremos comparsa. Finalmente, habrá que empezar a ensayar ese grito que baja desde los cuatro costados del estadio como poderosa vitamina… ¡Si se puede!








