Las derrotas ante Brasil y Perú han generado un profundo malestar y preocupación en la afición ecuatoriana. Es cierto que en el fútbol hay 3 resultados: ganar, empatar o perder, pero lo preocupante en la selección es que otra vez, ya sucedió ante Paraguay y Colombia, no sólo se pierde valiosos puntos en el afán de luchar por la clasificación al mundial, sino que sobre todo la preocupación radica en la pobreza futbolística, la falta de ideas, argumentos, esquemas y estrategias que han envuelto en una mediocridad absoluta al equipo nacional.

Tras los puntos cedidos ante Paraguay en Quito y la derrota sin pena ni gloria en Barranquilla pensé que sería el momento para que el cuerpo técnico encabezado por Gustavo Quinteros pueda reflexionar y tomar decisiones, que permitan volver por el sendero del buen funcionamiento y de seguir acumulando resultados y puntos para afianzar un futura clasificación.

Muchos pensamos que la Copa América del Centenario sería una brillante ocasión para probar nuevos jugadores, sistemas y estrategias. Sin embargo, tanto la dirigencia como el cuerpo técnico con la promesa de hacer la mejor Copa América de la  historia apuntaron a los mismos jugadores y el resultado indica que no se cumplió la promesa y se perdió un valioso tiempo y oportunidad para ensayar otras alternativas.

Han pasado 6 meses y la historia se vuelve a repetir. La decepción y el fracaso envuelve al país futbolero y se agudiza con la pasividad, prepotencia, arrogancia y la poca (o casi nula) autocrítica del seleccionador Gustavo Quinteros.

No podemos dejar de reconocer el brillante inicio de la selección en las eliminatorias: 4 victorias en 4 partidos, 12 puntos y un equipo equilibrado con gran funcionamiento, compromiso y actitud, pero al parecer esas victorias confundieron a muchos, envanecieron a la mayoría y han provocado el fracaso total.

Si bien es cierto el fútbol pasa por los jugadores, no es menos cierto que en los últimos compromisos ha quedado en evidencia los enormes errores, la tozudez y la falta de análisis del director técnico para tomar medidas que permitan a la tricolor retomar el buen fútbol que mostró el año anterior.

Justificar lo injustificable en ceremoniosas ruedas de prensa, tratando de vender una idea totalmente ajena a la verdad, no es sino una simple y barata demagogia, que genera rechazo, desconfianza y deja en claro la poca o ninguna intención por rectificar y aceptar los errores cometidos.

En menos de un mes la selección de nuestro país deberá afrontar un nuevo combo eliminatorio ante Chile en Quito y visitar la altura de la Paz en Bolivia. Sino rectificamos ahora en un mes más volveremos a desgarrar vestiduras y golpearnos el pecho. La responsabilidad y la decisión le corresponde a usted Señor Quinteros.

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